Un león suelto, un ladrón nervioso y una radio reparada
Si Alajuela es realismo mágico con fisga, la cuadra de mi casa ciertamente lo confirma. Fantasmas inquietantes, de los que hay que ir a expulsar, y otros de ficción, que hace 40 años perseguían chiquillos, en traje de momia, y por pura diversión.
Por la calle 7, aún sigue abierta la legendaria panadería Leandro: con sus galletas blancas, para untar con mantequilla, sus “melcochones”, suspiros, rosquillas dulces y sus doradas quesadillas.
Allí trabajaba Sole, comunista de hueso colorado...