"Me quedé ciega con 16 años y entendí que el miedo solo sirve para pararte: por eso voy a correr una maratón"
A los dieciséis años, Encarni Meléndez se levantó y el mundo desapareció. No fue una metáfora, ni un proceso lento, ni una adaptación progresiva: fue un corte. Una mañana dejó de ver absolutamente nada, después de una vida en la que ya convivía con una visión limitada desde bebé. Nadie ha sabido explicarle por qué ocurrió. Y, sin embargo, más de tres décadas después, ella no habla de pérdida, sino de aprendizaje. Vive en San Sebastián de los Reyes, es madre de dos hijas, y ha convertido el running en una forma de reconstruirse una y otra vez.