El oficialismo la tiene contra las mujeres
¡Señora, señora, señora! Me gritaba, mientras se chupaba los labios y enseñaba los dientes, un tipo montado en una bicicleta, una mañana de estas que andaba ejercitándome. Estábamos a la par de un semáforo donde, casi todos los días, debo soportar el acelerador de algún chofer que exige el peatonal para sí.
Cuando una sociedad como la nuestra incorpora desde el poder una masculinidad política basada en la intoxicación del yo, el insulto y la humillación, las que recogemos el costo cotidiano de esa transformación somos las mujeres...