La justicia confirma el despido de un jefe de equipo por orinar reiteradamente en el cuarto donde sus compañeros guardaban la comida
Un trabajador con más de treinta años de antigüedad perdió su puesto después de convertir un cuarto de su centro de trabajo en un lugar de uso privado. Durante varios meses, entró allí al menos tres veces para orinar, aunque tenía baños a su disposición, y dejó el suelo con restos y un olor que sus compañeros detectaron al acceder al espacio.
El lugar no era un rincón abandonado. Allí se guardaban materiales y había una nevera con agua y, en ocasiones, comida para los empleados del turno.