Digan lo que digan
Hay heridas que nunca cerrarán y amistades que se fueron para no volver. Algunas de esas relaciones perdidas ya no son recuperables, no por el fondo del asunto, sino porque el tiempo de silencio pesa demasiado. Hay ascuas que cuando se enfrían ya no tienen resurrección. Otras amistades, las que pelearon por agarrarse al limbo de la cortesía incluso en los peores momentos, sí han ido reverdeciendo. Amistades que conservaron el calor de la complicidad en una gota de ámbar gracias a las felicitaciones navideñas y los oportunos cumpleaños.