El Atlético se aburre de aburrir: empate a nada contra el Levante
Julián Álvarez remató a las manos de Ryan un balón que le llegaba botando y no hubo más. García Verdura pitó el final del partido y el Atlético se quedó como estaba. Tan triste como intrascendente. Porque así fue el juego del Atlético. Anodino, estéril. Y triste, muy triste. Tan triste como parecía Simeone en el descanso, con la cabeza hundida, pensativo. Sin nada que ofrecer para el segundo tiempo.
Una tristeza agravada por las pérdidas, mucho más graves que los dos puntos que se quedaron por el camino en el Ciutat de Valencia.