La democracia también puede morir aplaudida
El artículo de Augusto Alvarado Boiribant (La Nación 19/08/2026) no deja dudas de que las democracias no siempre mueren por golpes de Estado militares; a veces se desmantelan desde dentro, con el aplauso de ciudadanos encandilados por un pseudolíder.
Vivimos tiempos en los que la mentira, el irrespeto a personas e instituciones y la manipulación del mensaje público son pan de cada día. Lamentablemente, las bravuconadas no son exclusivas de quienes hoy ostentan el poder otorgado en elecciones libres.