Más carreteras no resolverán las presas del país
Cada vez que el tránsito colapsa, reaparece la misma respuesta: ampliar una carretera, construir un paso a desnivel o agregar carriles. Muchas de esas obras son necesarias y corrigen rezagos acumulados. El problema aparece cuando esperamos que, por sí solas, resuelvan la congestión.
Mientras una obra se diseña, financia y construye, el parque vehicular continúa creciendo y, cuando finalmente se inaugura, el alivio puede durar mucho menos de lo prometido.
La explicación tiene nombre: demanda inducida.