Llegó para impedir el rescate de Napoleón y acabó fundando la comunidad más aislada del mundo: su legado perdura 210 años después
Durante el exilio de Napoleón Bonaparte en Santa Elena en 1816, el Reino Unido tomó el control de la isla volcánica Tristán de Acuña. La misión naval pretendía anular cualquier plan de rescate orquestado por simpatizantes franceses desde aquel enclave del Atlántico Sur. Entre los soldados desplegados destacaba William Glass, cabo escocés cuyo destino quedó unido al remoto archipiélago.
El Almirantazgo británico retiró las tropas en 1817 tras calificar el sitio como un punto de escaso valor estratégico.