Illa y el Papa frenan el intento secesionista de apropiarse de la visita
«Salió mal», dice Jordi Pujol en sus memorias sobre la visita de Juan Pablo II en 1982. Fueron recibidos por el Papa en audiencia privada, pero el Pontífice estaba en otra cosa. «Aunque Juan Pablo II nos recibió atenta y afectuosamente, todo el rato me dio la sensación de que tenía la cabeza en Polonia», lamenta. Tenía razón. Juan Pablo II acababa de recibir una delegación del sindicato Solidaridad y no tenía la cabeza para entender el catalanismo que le quería explicar Pujol.
El Papa estuvo cortés...