Un Diocleciano Trump 2.0
La comparación y analogía con el Imperio Romano ha sido uno de los mitos políticos por excelencia en la historia de Occidente y sus periferias. La primera renovación imperial la ensayó Justiniano I en el siglo VI. Más tarde, bajo el concepto de restauración, fue el turno de Carlomagno y de Otón en la baja Edad Media.
Los símbolos de los césares se trasladaron a Rusia con la coronación de un zar, a la Francia Napoleónica y después a la Alemania del Kaiser, perviviendo en la Italia Fascista.