Cuando la mayoría lo es todo
Costa Rica se ha acostumbrado –a veces con excesiva confianza– a pensar que su democracia es un mecanismo que funciona solo, casi por inercia histórica. Que los contrapesos están ahí y que, pase lo que pase en una elección, “las instituciones aguantan”. Esa idea, cómoda pero peligrosa, es la que hoy conviene poner en duda.
El próximo gobierno no solo definirá el rumbo económico o social del país. Tendrá en sus manos algo mucho más delicado: la conformación de una parte clave del Poder Judicial...