Una breve pesadilla democrática
Amanezco aturdido, con la sensación de que el huracán ya pasó y aún hay un techo macizo que no voló por los aires. La luz se escabulle por debajo de las cortinas indicándome que ya son más de las seis. Pasaron demasiadas cosas mientras dormía, lo sé, de las que no me he terminado de enterar. Salgo a la calle como para verificar la realidad, constatar que los edificios siguen en pie, que las gentes pasean a los perros y los que no, llevan a sus hijos a las escuelas, que las nubes viajan indiferentes...