La sutil mordaza del epicentro artístico asiático
Las salas de subastas de Hong Kong ven como el martillo cae con estrépito y obras como las de Liu Wei alcanzan los ocho dígitos, mientras los coleccionistas aplauden con la euforia del mercado. A pocos metros, en los booths de Art Basel, nombres como Hauser & Wirth o Perrotin despliegan piezas de Takashi Murakami o Haegue Yang ante una multitud cosmopolita. Todo parece fluir con la precisión de un mecanismo suizo. Sin embargo, detrás de esa aparente libertad late una prudencia autoimpuesta que obliga a los creadores a medir cada trazo...