La nobleza de la paz, por Ramiro Escobar
Desde hace años, hay una confusión global reinante en torno al Premio Nobel de la Paz: que se lo tienen que entregar a una persona “buena”, noble, bondadosa. No era eso, exactamente, lo que quería Alfred Nobel, el inventor de la dinamita y creador de este galardón. Su deseo era que este fuera entregado a quien haya trabajado más “en favor de la fraternidad entre las naciones”.
O a quien promueva procesos de paz. De allí que lo hayan ganado Henry Kissinger, un diplomático tan brillante...