Y brotaron amapolas
Cuando la realidad no nos gusta, tenemos dos opciones: reinventarla o amoldarnos a ella. La primera es más trabajosa, la segunda nos convierte en súbditos
Yo invento. No mucho. Intento hacerlo un poco cada día. Salgo a la calle y me detengo en los cruces, subo a los autobuses, escucho conversaciones ajenas, labro la ciudad durante, al menos, un par de horas diarias. Lo suficiente para permitir que salten chiribitas y que la vida me sorprenda en cualquier gesto cotidiano, lo suficiente...