Si la agresión da resultados, ¿por qué no imitarla?
Al evaluar la convivencia democrática, suele suceder que se dé prioridad a indicadores económicos, decisiones de política pública y aspectos semejantes. No obstante, resulta imprescindible tomar conciencia de que, junto con esos indicadores, la calidad del discurso público sostiene o degrada la salud democrática de las sociedades. Tal calidad pasa por el uso fiable de los conceptos y por la solidez de las argumentaciones.
Ambos aspectos se han degradado en boca de políticos autoritarios y populistas que campean por América Latina.