Una infancia robada: "Te amaré hasta el final de mis días"
Decenas de niños corren y gritan de alegría en una gran sala. Por un momento, parece un día de paz. Pero la ilusión se desvanece al mirar las pinturas en las paredes: hechas por manos infantiles, algunas muestran soldados armados y casas destruidas. Un vistazo más atento revela que la sala está casi llena solo de mujeres —madres de los niños— y apenas un puñado de padres.
Todos los niños presentes en la Casa del Guerrero de Leópolis, un centro de apoyo para las familias de soldados ucranianos, han perdido a un progenitor o su hogar.