Caudillismo democrático
Pedro Sánchez ha convertido La Moncloa en el epicentro de un poder personal que todo lo absorbe, transformando al resto del Ejecutivo en simples apéndices de su voluntad. No es producto de la presión parlamentaria ni de urgencias coyunturales: cada ley, cada decreto y hasta cada nombramiento brota de su despacho con la fuerza de un mandato indivisible. Bajo este esquema, el debate interno ha cedido el paso a la obediencia por miedo: los ministros callan, no por criterio técnico, sino por cobardía...