Votar con rabia o abstenerse con impotencia
A falta de brújula, todo viento es adverso. Y eso, en la política venezolana, es más que un refrán: es una radiografía. Cada vez que el chavismo convoca elecciones —cualquier elección, sin importar su nivel, su legitimidad o su alcance— la oposición hace lo que mejor sabe hacer: dividirse, acusarse, improvisar y, finalmente, fracasar.
Las elecciones regionales y parlamentarias convocadas para el 25 de mayo han servido de nuevo como detonante de esa combustión espontánea que define a la llamada “alternativa democrática”.