Aunque la pregunta: ¿es mejor correr lo más rápido posible para llegar a un lugar seco o caminar con calma esperando mojarse menos? pueda parecer una cuestión de sentido común, la ciencia ha analizado este dilema y tiene una respuesta basada en física y matemáticas.
Un estudio físico simple indica que la cantidad de agua que recibe una persona mientras camina es proporcional al tiempo que permanece en la lluvia. Si avanzas despacio, te expones durante más tiempo y, por lo tanto, te mojas más.