Agridulce espera, por Mirko Lauer
Las cifras de una segunda vuelta empiezan desvalidas y flotan en un mar de versiones. Mucho tiene que ver con el tiempo que toman las actas para llegar a su destino. Otro tanto se debe a los mínimos márgenes que separan a los candidatos. Luego está el grado de confianza del público en quienes llevan las cuentas.
Hay hipótesis. Una es que el conteo a boca de urna no falla en predecir la tendencia final de la votación. Otra propone que lo más seguro es mantenerse pegado al avance de los resultados parciales de la ONPE.